La palabra Requiem (descanso) es la palabra con la que comienza la Missa pro difunctis en latín. Caracteriza y titula por extensión a las composiciones pensadas para integrarse en la liturgia durante la misa de difuntos. El ejemplo clásico es el Réquiem de Mozart, escrito en su lecho de muerte hasta 1791, para luego ser concluido por su discípulo Franz Xaver Sussmayr.

No es el caso de esta obra que no esta pensada para ser interpretada durante la liturgia sino como una obra musical independiente. La misma no comienza con la frase de rigor ni respeta la estructura clásica, apartándose de los cánones de la época.

Basada en los textos luteranos, Brahms nos regala una obra que en ningún caso es una misa de difuntos, sino una obra de reflexión sobre la muerte, sobre el dolor, la esperanza y nos tiende una mano para compartir el duelo. Es, en palabras del propio escritor, un Réquiem humano. Cantada en el idioma Aleman

sus partes son :

I – Selig sind die da Leid tragen, denn sie sollen getröstet werden – Bienaventurados los que sufren, porque ellos serán consolados

II – Freude und Wonne werden sie ergreifen und Schmerz und Seufzen wird weg müssen – Tendrán gozo y alegría y huirán la tristeza y el gemido.

III – Nun Herr, wess soll ich mich trösten? – Señor, ¿dónde hallaré consuelo?

IV Chor: „Wie lieblich sind deine Wohnungen“ Que amable es tu morada Señor del Universo

V – Ich will euch trösten wie einen seine Mutter tröstet – Quieros consolaros como una madre consuela a su hijo.

VI – und die Toten werden auferstehen unverweslich und wir werden verwandelt werden – y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados.

VII – Selig sind die Toten – Felices los que mueren en el Señor

Brahms, agnóstico declarado, utiliza los textos bíblicos luteranos y nos invita a permanecer impávidos ante el dolor y la muerte, resignándonos ante lo inevitable, y nos mueve a encontrar consuelo en la música. Su objetivo es la transfiguración tras la muerte y a través de ella. El tema recurrente es el consuelo, que ya aparece, en el primer numero, con un coro celestial que nos envuelve y nos invita a reposar en su melodía. El otro gran tema es la redención, la transformación del dolor en alegría, de la muerte en vida. No es en vano mencionar que no se hace alusión a la redención a través de Cristo, concepto clásico de la religión cristiana. Este canto es universal, laico, y se desliga de la Iglesia.

Brahms no reniega del pasado musical en esta obra. Esencialmente romántico, presenta en esta obra tecnicismos que hacen pie tanto en el estilo barroco como en el clásico y el mismo romántico. Muchas veces expresó “ No saben que terrible es sentir los pasos de un gigante detrás de uno” con respecto a Beethoven” . Pues las armonías imposibles, a veces exasperantes, que dan una nueva vuelta de tuerca al frágil equilibrio que tanto gustaba a Beethoven, están basadas muy a menudo en los modos griegos. Las intrincadas estructuras de su juego armónico son translúcidas y, a través de sus acordes se puede sentir la base clásica aún presente. Un dato llamativo e innovador es el uso de percusión en una obra religiosa.

Su música de manera inevitable, es un reflejo de su personalidad introvertida, serena y amante de la libertad. En la época inmediatamente anterior a la composición del Réquiem y, quizá, como detonante de la misma, Brahms asiste a la terrible degradación de su amigo y mentor Robert Schumann. Nueve años después, en 1865, fallece su madre, pérdida que inspirará la composición del número V de la obra, para soprano y coro (“como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros”).

Es sin dudas una composición particular, única , una obra de una dimensión transcendental para su época que se encuentra al alcance de todo aquel que necesite consuelo. Los invito a cerrar los ojos y a dejar que las violas del inicio (son ellas las encargadas de llevar las notas superiores del acorde y no los violines!) les traigan el deleite de una de mis obras clásicas favoritas.

Brage.