Respetable Logia José Martí N°168

Bajo los Auspicios de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones

José de San Martin, máximo ejemplo de apego a los códigos morales masónicos

 

En el aniversario de su paso al Oriente Eterno, deseo hacer un humilde homenaje al gran iniciado H.: José Francisco de San Martín, Libertador de América y Héroe Nacional por antonomasia en nuestro país, con profundo respeto y mediante ésta comprimida síntesis de los hechos más trascendentes en su tránsito por la tierra.

Reflexionando sobre algunos de sus pensamientos, como de las máximas escritas para su hija “Merceditas”, se puede vislumbrar  la solidez con que los principios y valores masónicos guiaban  cada acto de José de San Martin; Desde la renuncia a muy altos honores dignos de los más encumbrados militares o estadistas, pasando por el desinterés de bienestares terrenales, hasta soportar estoicamente sin reclamar a los países que liberó, el merecido sostén elemental para una cómoda subsistencia ante su deteriorada salud.

Su humildad demuestra que con la naturalidad de un monje nunca se inclinó a los vicios y tentaciones antes los cuales casi todo ser humano sucumbiría.  Renunció a todo beneficio personal para concentrarse en luchas descarnadas hacia ideales colectivos.

Transcribiré a continuación algunas de las palabras que nos ha legado; también las máximas para Merceditas, y  un comprimido  extracto histórico de su lucha emancipadora. En todos ellos casi a simple vista, se denota su apego a cada postulado y principio masónico.

San Martin pudo haber sido soberano; fue aclamado y llamado para ocupar altos cargos ejecutivos en su tierra, sin embargo ha rechazado esos honores y los privilegios que de ellos derivan, a fin de dar cumplimiento a su sagrada  promesa de no derramar sangre de hermanos.  Se precisa un espíritu forjado en valores y principios de gran humildad y templanza para resistirse a tantos honores ofrecidos. Podríamos decir que la ambición fue desterrada de su corazón, pues no ha aceptado permanecer en cargos políticos más que lo estrictamente necesario para sostener las libertades conquistadas, como ocurrió en el Perú. El egoísmo jamás pudo encontrar fertilidad en sus decisiones, pues ello hubiera requerido una práctica de hipocresía inadmisible en un líder de entrega absoluta a la causa. La Libertad la ha tomado en el sentido más amplio del término. Esa Libertad debía ser Republicana, alejada de las ideas monárquicas, para establecer la igualdad que no acepta prerrogativas de sangre ni títulos de nobleza.

Su carácter y voluntad, caracteriza al líder masón que toma decisiones en silencio y en la soledad de su espíritu para proyectar y sembrar un legado invaluable a las futuras generaciones, aún a costa de la incomprensión y el escarnio de sus pares, de los mismos líderes o próceres  contemporáneos  de él, que lo abandonaron a su suerte, desterrado, enfermo y en una frugalidad inmerecida. Fue José Francisco de San Martín un verdadero hombre LIBRE. Libre de pasiones negativas, de egoísmos, de ambiciones y de vanidades terrenales.

José de San Martin, fue un adelantado y visionario de las bondades de la lucha emancipadora, para establecer en éstas tierras occidentales, un nuevo mundo de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que la Europa del siglo XVII ni remotamente soñaba para estos “colonias”.  Su entrega por la causa, y su decisión de no derramar sangre fraterna, prácticamente le valió el olvido y anonimato en la fecha de su muerte.

Hoy, casi dos siglos después de su gesta emancipadora, el bronce, los honores, los libros de historia de todo Sudamérica le reconocen su inquebrantable fuerza de voluntad, sus convicciones y valores gracias a los cuales somos independientes. Es frecuente constatar que en cada provincia y cada localidad de Argentina, la calle principal o la plaza central, tiene el nombre del máximo prócer, LIBERTADOR DE AMÉRICA, GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTIN.

 

PALABRAS DE SAN MARTIN SUSTENTADAS EN PRINCIPIOS MASONICOS

“No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.”

“La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.”

“Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.”

“Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.”

“La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.”

“Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.”

“Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.”

“Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.”

“Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche con infracción de mis promesas.”

“Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.”

“Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.”

“Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.”

“Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sentimiento de la justicia.”

Fuente Consultada: El legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. Instituto Nacional Sanmartiniano.

 

Máximas de José de  San Martín para su hija Merceditas (Redactadas en 1825)

 

01• Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirar la  confianza y gran amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07• Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo.

 

 

Breve reseña histórica
José Francisco de San Martín nació en Yapeyú (hoy pcia. de Corrientes), el 25 de febrero de 1778.Durante el virreinato, en 1774, el capitán Juan de San Martín ( futuro padre de José Francisco de San Martin), fue encomendado por Bucarelli, gobernador de Buenos Aires, para el cargo de teniente gobernador de Yapeyú. Allí se instaló don Juan con su mujer y sus hijos María Elena, Juan Fermín y Manuel Tadeo. Luego nacerán Justo Rufino y el menor de todos, José Francisco, quien era cuidado por Juana Cristaldo, una  niñera india que según doña Gregoria, lo consentía demasiado.

Luego de vivir unos años en la capital del virreinato del Río de la Plata, los San Martín solicitan volver a España. En 1783 se radican en Málaga, donde Juan de San Martin asume la dirección del regimiento allí establecido. José por entonces contaba con apenas ocho años. Estudió en el Seminario de Nobles de Madrid donde aprendió latín, francés, castellano, dibujo, poética, retórica, esgrima, baile, matemáticas, historia y geografía. En 1789, a los once años ingresó como cadete al regimiento de Murcia.  Al poco tiempo ya tomará parte activa en numerosos combates en España y en el Norte de África. Entre 1793 y 1795 ( José de S. Martin tenía 13/15 años) durante la guerra entre España y Francia, tuvo una actuación destacada en todos los combates en los que participó. Ascendió rápidamente en sus grados militares hasta llegar al de segundo teniente. En la guerra contra las fuerzas napoleónicas ya poseía el grado de Teniente Coronel, y fue condecorado con una medalla de oro por su heroica actuación en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808 (tenía entonces 30 años).

Fue en España que tomó contacto con algunos ingleses y círculos liberales y revolucionarios que simpatizaban con la lucha por la emancipación americana. Posteriormente partió desde Cádiz hacia Londres el 14 de septiembre de 1811. Londres ya era por entonces la gran capital de la Revolución Industrial, donde florecían ideas liberales, económicas y también políticas. Uno de esos grupos revolucionarios era la “Gran Hermandad Americana”, una logia fundada por Francisco de Miranda, un patriota venezolano que se proponía liberar América con la ayuda financiera de los ingleses. En Londres San Martín hace contacto con los miembros de la “Hermandad”. Allí toma conocimiento del plan del general inglés Thomas Maitland para liberar Lima a través de Chile por vía marítima. San Martín tendrá muy en cuenta las ideas del militar inglés en su campaña libertadora.  En una reunión de americanos en Cádiz expresa: “…sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha.” José de San Martín. En enero de 1812 regresa a su tierra natal en la fragata inglesa “George Canning”.

La situación política en Buenos Aires era complicada, gobernaba el Primer Triunvirato  pero el verdadero poder estaba en manos del secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia, que venía desarrollando una política muy centralista que desoía todos los reclamos del interior, que se veía cada vez más perjudicado por la política económica de Buenos Aires, quien mantenía un manejo exclusivo del puerto y de la aduana.

A su arribo San Martín entró en contacto con grupos opositores al Triunvirato, encabezados por la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo, y creó, junto a su compañero de viaje Carlos de Alvear, la Logia Lautaro, una sociedad secreta cuyos objetivos principales eran la Independencia y la Constitución Republicana.

El 8 octubre de 1812 marcharon con sus tropas, incluidos los granaderos, hacia la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) y exigieron la renuncia de los triunviros en un documento redactado por San Martín que concluía diciendo: “…no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos”. Pronto fue designado un segundo triunvirato afín a la Logia y a la Sociedad Patriótica, integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte.

Con su reputación en alza, Don José poco a poco fue integrando las selectas listas de invitados de las tertulias porteñas. En una de ellas, ofrecida por Don Antonio Escalada y su esposa Tomasa, conoció a Remedios la hija menor de los anfitriones. El 12 de noviembre de 1812 se casaron. Él tenía 34 años y ella 15.

El 3 de febrero de 1813 los Granaderos de San Martín entraban por primera vez en combate frente al Convento de San Lorenzo, en Santa Fe. El triunfo fue total. En 1814 se le encomendó el mando del ejército del Norte en reemplazo del General Belgrano. Diseñó las bases de su nueva estrategia militar: cruzar la cordillera, liberar a Chile y de allí marchar por barco para tomar el bastión realista de Lima, tal cual lo ideara el general inglés Thomas Maitland. Luego de ser nombrado gobernador de Cuyo, comenzó los preparativos para su ambicioso plan, sin descuidar las tareas de su gobierno, durante el cual fomentó la educación, la agricultura, la industria y creó un sistema impositivo igualitario cuidando que pagaran más los que más tenían.

Todo el pueblo cuyano colaboró según sus posibilidades para armar y aprovisionar al Ejército de los Andes. El gobernador dio el ejemplo reduciendo su propio sueldo a la mitad.

El 16 de agosto de 1816, nació Mercedes Tomasa de San Martín, su única hija. Meses después, a principios de 1817 comenzó el heroico cruce de los Andes.

Sus convicciones y templanza también se encuentran reflejadas en un texto propio que reza: “Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.”.

Durante muchos tramos del titánico cruce de los Andes, San Martín debió ser trasladado en camilla debido a los terribles dolores provocados por la úlcera que padecía.

A poco de cruzar la cordillera, el 12 de febrero de 1817 las fuerzas patriotas derrotan a los españoles en la cuesta de Chacabuco, iniciando de esa forma la independencia de Chile. Los realista fueron vencidos en la batalla de Maipú el 5 de abril de 1818.

Mientras tanto, en Buenos Aires las cosas se complican. Pueyrredón pretende escarmentar la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a San Martín que baje con su ejército y encabece la represión de los mismos. San Martín se niega y le aclara que “el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos“.

El 20 de agosto de 1820 el general parte de Chile hacia Lima en expedición libertadora. El 12 de septiembre la flota fondeó frente al puerto peruano de Pisco. Se obtuvo la importante victoria de Pasco el 6 de diciembre de 1820. El virrey De la Serna se rindió el 10 de julio de 1821 y San Martin ingresó victorioso a la capital virreinal. 18 días después se declaró la independencia del Perú.

Se formó entonces un gobierno  criollo que nombró a San Martín con el título de Protector del Perú, con plena autoridad civil y militar. En un principio el general se había negado a aceptar ese honor, pero los consejos de su amigo y secretario, Bernardo de Monteagudo lo convencieron que su presencia era imprescindible para terminar con los focos de resistencia del anterior dominio español.

San Martín abolió la esclavitud y los servicios personales (mita y yanaconazgo), garantizó la libertad de imprenta y de culto, creó escuelas y la biblioteca pública de Lima. Pudo manejar graves dificultades financieras que acaecieron, y finalmente logró la rendición definitiva de los realistas del Sur y del Centro del Perú.

Mientras San Martín llevaba adelante su campaña desde el Sur, el patriota venezolano Simón Bolívar  lo venía haciendo desde el Norte. Finalmente los dos libertadores decidieron reunirse. La famosa entrevista de Guayaquil, en Ecuador, se realizó entre los días 26 y 27 de julio de 1822. Había entre ellos diferencias políticas y militares. Un tema polémico planteado era quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y capacidad de San Martín como subordinado. El general argentino tomó entonces una drástica decisión: retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país.

Luego José de San Martín regresó a Lima y renunció a su cargo de Protector del Perú. Dijo “La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga es temible a los estados que de nuevo se constituyen”. “…Por otra parte ya estoy aburrido de oír decir que quiero hacerme soberano. Sin embargo siempre estaré a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más.”

En 1823, cruzó por última vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires y ver a su esposa que estaba gravemente enferma. Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. En realidad Rivadavia temía que el general entrase en contacto con los federales del Litoral. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta advirtiéndole que el gobierno de Buenos Aires esperaba su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales. Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires aunque lamentablemente llegó tarde. Su esposa ya había muerto sin que él pudiera compartir al menos sus últimos momentos.

Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa. Merceditas tenía siete años. En 1825 redacta las famosas “Máximas”; una serie de recomendaciones para la educación de su hija en caso que él no estuviera a su lado. Allí le aconseja el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la solidaridad y la dulzura con los pobres, criados y ancianos; amor al aseo y desprecio al lujo. Esas máximas se encontraban ya establecidas en los códigos morales masónicos.

San Martín atravesaba en Europa una difícil situación económica. Del gobierno argentino no podía esperar nada y ni el Perú ni Chile le pagaban regularmente los sueldos que le correspondían como general retirado. Vivía de la escasa renta que le producía el alquiler de una casa en Buenos Aires y de la ayuda de algunos amigos.

Pero el general seguía interesado e inquieto por la situación de su país y decide regresar. En febrero de 1829 llega al puerto de Buenos Aires pero no desembarca. Se entera del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios de Lavalle. Muchos oficiales le envían cartas a su barco y lo van a visitar con la intención de que se haga cargo del poder. San Martín se niega porque piensa que tome el partido que tome tendrá que derramar sangre argentina y no está dispuesto a eso. Triste y decepcionado pasa unos meses en Montevideo y finalmente retorna a Francia.

Ya en Europa San Martín se encontraba con su salud muy agravada. Sufría asma, reuma, úlceras y estaba casi ciego. Falleció el 17 de agosto de 1850. En su testamento pedía que su sable fuera entregado a Rosas “por la firmeza con que sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla” y que su corazón descansara en Buenos Aires.

Su última voluntad se cumplió en 1880, cuando el presidente Avellaneda recibió los restos del libertador.

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