El Gran Oriente y Supremo Consejo de la República durante sus primeras décadas de existencia había agrupado a los miembros de las familias más importantes de la República, muchos de ellos fueron los mismos que trazaron el esquema político nacional, como José de Urquiza, Bartolomé Mitre, Leandro N. Alem, Faustino Sarmiento, entre otros. Como una verdadera “aristocracia masónica” durante años.Éstos habían permitido la constitución de logias extranjeras en beneficio de los individuos que llegaban al país, encontrando en el espacio masónico un núcleo de acogida por parte de sus connacionales. Sin embargo, a partir de 1890 nuevas clases urbanas, medias y obreras, interrumpieron en el espacio público trayendo consigo ideales republicanos y progresistas “mayores que los que poseían muchos de los miembros de la institución masónica argentina”.

La Constitución Nacional de 1853 abrió a la Argentina a “todos los hombres de buena voluntad” y entre 1853 y 1923, unos siete millones de europeos dieron nacimiento a la “Argentina aluvial”. Una intensa inmigración ultramarina provocó un crecimiento de casi cinco veces el tamaño de la población, con un alto componente masculino y joven. En cuyo repertorio ideológico se encontraban los garibaldinos italianos, los republicanos y socialistas españoles, y los obreros vencidos de la Comuna de París, que producirán en la República una saturación ideológica. Asociaciones conservadoras como la masonería nacional no estuvieron dispuestas a dar el brazo a torcer ante los reclamos de liberalizar la institución. Esto generó una disputa entre los masones que querían conservar las antiguas tradiciones, y aquellos extranjeros, que pretendían renovar la doctrina y los rituales como expresión racional y positivista de las practicas masónicas. Siendo uno de los mayores focos de tensión entre los masones, el confesionalismo y la práctica de un rito masónico que algunos consideraban con “estructura cardenalicia” y ceremonias que recordaban a las viejas tradiciones clericales.

 

“¿Cómo es que pueden ser miembros conspicuos de la masonería, que funda su doctrina sobre la libertad de conciencia, que combate el fanatismo, la superstición y la ignorancia, y al mismo tiempo pertenecer a una comisión católica, destinada a fomentar la superstición, regimentar a los fanáticos ignorantes para llevarlos a Luján y postrarlos ante una muñeca de barro?”.

 

La oligarquía industrial y agro-exportadora argentina en el poder, vio con espanto que en las insipientes asociaciones y círculos de inmigrantes se predicara la lucha contra los patrones y el Estado explotador, y como reacción llevó al Congreso de la Nación en 1899 un proyecto de ley buscando neutralizar a los extranjeros de la clase obrera organizada, que luego se materializó en la Ley 4.144 de Residencia. Salvando las distancias, lo mismo estaba ocurriendo en la institución masónica argentina desde algunos años antes, entre masones patricios y extranjeros. Producto de la misma reacción conservadora finisecular, determinados grupos de masones lograron reformar la Constitución de la asociación para que se restrinja la instalación de logias extranjeras en Argentina y se comience a combatir a éstas activamente. Los vínculos entre ciertas logias de élite y la Unión Industrial Argentina parecen probables; en todo caso el senador Miguel Cané, promotor de la Ley de Residencia era masón desde 1872.

A través de una epístola del vecino de La Plata José Belmaña, a las autoridades de su asociación masónica en España, podemos hacernos una idea de lo que ocurría en la ciudad de La Plata, en medio de la reacción conservadora de 1899:

 

“(…) Por estos Valles, el jesuitismo está tomando un vuelo grandísimo, apoderándose sobre todo de la Educación, fundando en cada manzana un colegio, formando círculos de obreros católicos, congregaciones de María y de todas las vírgenes y santos habidos y por haber (…) Me preguntáis ¿que hace la Masonería Argentina en vistas del avance y progreso del jesuitismo, y con más razón siendo las primeras autoridades de la Nación Poderosos Hermanos Grado 33? (…) La Masonería Argentina no se ocupa más que de hacer política y hacer la guerra a la Masonería de otros Orientes; y esto es una de las grandes dificultades con que se tropieza; pues los Obreros de Talleres que están bajo la obediencia de Orientes Extranjeros no son recibidos en ninguna de las Logias del país”.

 

Gabriel, M.M. de la logia.